| | EL LIBERALISMO AUTENTICO por ANTONIO GARRIGUES WALKER | 
| Hay -como sucede en todas las ideologías- interpretaciones y sensibilidades distintas sobre el liberalismo. Nadie debe arrogarse ni la definición ni la representación del liberalismo auténtico.
Abramos con estas y otras ideas un debate serio y bueno. Un debate culto y civilizado en el que merecería la pena investigar por qué, a pesar del triunfo ideológico, los liberales -yo soy un buen ejemplo- hemos sido tan torpes y tan incapaces en la acción política y en cómo lograr penetrar en ese mercado político dominado fuertemente por un estéril bipartidismo. Sería un debate refrescante en el aburrido escenario actual.
Ya está en marcha, lento, pero seguro, un nuevo proyecto (Centro Democrático Liberal) que tendrá que aprender mucho de los errores pasados y prepararse para una batalla que en términos objetivos parece imposible.
Debe animarles en su lucha el hecho de que Rosa Díez haya logrado ya, y además con excelencia, ese género de imposible y asimismo la decreciente credibilidad de nuestros estamentos políticos. |
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| | 9.- UN NUEVO ENTENDIMIENTO DE LA VIDA SOCIAL DESDE EL CENTRO POLITICO | Dom Mar 23, 2008 2:34 am por Antonio Hurtado | Con frecuencia se suele escuchar que los políticos que creen y defienden
una concepción de centro progresista carecemos de ideología o de un
esquema y proyecto de vida. Pienso que no es así.
Partiendo de la creencia del ciudadano, viviendo en colectividad, construimos un
cierto entendimiento de la vida y del futuro, analizando el cometido
del Estado, el de las entidades que lo integran, y el de los propios
ciudadanos en la sociedad.
Se concibe la esencia del Estado como “un hacer, para dejar de hacer”. Se
está considerando que su papel ha de consentir en la realización de
prestaciones, obras y servicios que permitan, faciliten e incentiven al
ciudadano a la ejecución, a su vez, de sus iniciativas y de sus
proyectos. Esto es, la legitimación o la justificación del “hacer” del
Estado está sólo en función del “dejar hacer” a la ciudadanía.
Quiere decirse, pues, que el “hacer” de la Administración vendría
predeterminado en exclusiva por las necesidades, las carencias, la
igualdad de oportunidades y las correcciones o los incentivos que
exijan los ciudadanos, todos ellos, para la ejecución de sus propias
ideas.
Con ello nos distanciamos ideológicamente, de un lado, de la tesis de un
liberalismo puro con su célebre principio de “dejar hacer, dejar pasar”
y, de otro lado, también nos separamos de posiciones favorables a un
Estado interventor y ordenador de parte o de toda la vida del hombre.
En el dilema igualdad o libertad elegimos la posición de “”libertad en
función de la igualdad”, o lo que es lo mismo, la confianza en el
hombre como individuo que vive en colectividad.
Así las cosas, y de cara al futuro, el Estado, y al objeto de “dejar hacer”
al ciudadano, debería asumir cuatro funciones principales: (política de
defensa nacional, de relaciones internacionales, viaria y de
comunicaciones, y de justicia); asegurar la desaparición de carencias a
los menos favorecidos (prestaciones sociales, viviendas y pensiones);
garantizar estrictamente el principio de igualdad de oportunidades y la
permeabilidad social (acceso a la educación libremente, a la cultura, y
la sociedad de merito).
A partir del cumplimiento de estas prestaciones por el Estado, el
individuo cuenta con la plataforma que posibilita “su hacer”, esto es,
la ejecución sin trabas y libre de las iniciativas propias.
En definitiva, el Estado ha de “hacer”, simultáneamente, lo estrictamente
indispensable y lo suficientemente necesario, para que el ciudadano
pueda creer y ejecutar, individual o colectivamente, las decisiones que
estime útiles.
En cuanto a las Entidades Políticas y Territoriales que integran el Estado
(Comunidades Autónomas, Diputaciones, Cabildos y Consejos,
Ayuntamientos y otros) desde nuestra concepción su cometido principal
debe consistir en “facilitar la vida” al ciudadano.
La dirección, que no la intervención, de la ordenación de la convivencia
vecinal, provincial o comunitaria, ha de ser compatible, y a un
incentivad ora, de la creatividad del individuo que tienda, sobre
obtener un legitimo beneficio, a mejorar y a extender el bienestar
social.
De otra parte, “facilitar la vida” comprenderá la disposición de los
medios por las entidades territoriales para el establecimiento y la
prestación de servicios públicos que permitan una vida en la ciudad o
pueblo mejor, más fácil y más libre.
Mientras el objetivo primero facilita o incentiva la creatividad, el segundo
dispone los elementos o medios públicos que la hacen posible. El uno,
dejar de hacer, y el otro, permite hacer, prestando los servicios
colectivos necesarios. En todo caso, en el establecimiento de las
prestaciones públicas primara su carácter social y el empeño de igualar
horizontalmente el bienestar de los individuos, dando absoluta
preferencia a los menos favorecidos.
Entendemos que, así como lo “liberal” desde una idea política ha pasado
fundamentalmente a ser, y ciertamente con éxito, un talante o un
comportamiento humano, “la solidaridad” ha de convertirse en un punto
de referencia clave en las relaciones entre los individuos. Se ha y se
debe actuar en solidaridad.
La idea, pues de este aspecto de la solidaridad estriba en una
coordinación voluntaria de los objetivos, previa la disposición de una
información integral, y los medios de hoy permiten obtenerla, y la
existencia de programas concertados, confeccionados a través de
organizaciones societarias que desde la base suministren y reciban
información, que permita la fijación de los objetivos óptimos económica
y socialmente.
En la medida que, y por concluir entramando las tres ideas básicas
señaladas respecto del Estado, los entes intermedios y los individuos,
el primero se ajuste en sus funciones a la construcción de la
plataforma precisa para que los ciudadanos puedan llevar a cabo sus
creaciones e iniciativas; en la medida en que las entidades
territoriales “faciliten la vida” a los vecinos, y en la medida en que
estos ajustes sus comportamientos a la solidaridad así entendida, esto
es vivir en solidaridad, ciertamente podríamos conseguir una
convivencia mejor, más libre y posiblemente mas feliz.
Antonio Hurtado Moya
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